Política y acción social

Tecnopolítica (la nueva forma de convivir en las polis del siglo XXI).

La relación de poder entre gobernantes y gobernados se ha hecho menos vertical a medida que los gobernados –la sociedad en su conjunto– han tenido mejores tecnologías para comunicarse y organizarse entre ellos.

Es ingenuo pensar que la democracia representativa parlamentaria del siglo XX es el sistema político definitivo, el último sistema de gobierno que conocería el ser humano.

La política (del griego πολιτικος (politikós), se puede definir como todo lo “ciudadano, civil, relativo al ordenamiento de la ciudad” ) actividad humana tendente a gobernar o dirigir la acción del estado en beneficio de la sociedad y el proceso y actividad orientada, ideológicamente, a la toma de decisiones de un grupo para la consecución de unos objetivos.

Una definición más adecuada podría ser la siguiente: la política consiste en la práctica de hacernos cargo en común de los asuntos comunes. Podríamos distinguir dos dimensiones de ese “hacerse cargo”. Por un lado, la invención de formas de con-vivencia (vivir juntos) en el elemento humano de la diferencia. Es decir, cuando el otro no es como yo, ni lo he escogido yo (como escogemos, por ejemplo, a nuestros amigos).

Por otro lado, la invención colectiva del porvenir. Es decir, cómo poner el destino en nuestras manos (y no delegarlo en democracias representativas en las que los intereses a los que representan suelen ser de las minorías hegemónicas).

Esta relación de poder entre gobernantes y gobernados se ha hecho menos vertical a medida que los gobernados –la sociedad en su conjunto– han tenido mejores tecnologías para comunicarse y organizarse entre ellos.

La imprenta, la radio o la televisión provocaron al desarrollarse cambios profundos en los sistemas políticos. Hoy los ciudadanos se expresan cotidianamente con cada tuit, con cada «me gusta». Gran parte de las tensiones de este cambio de era responden a ese conflicto: que los gobernados se han adaptado a esos cambios mucho más rápido de lo que lo han hecho los gobernantes.

Por eso es ingenuo pensar que la democracia representativa parlamentaria del siglo XX es el sistema político definitivo, el último sistema de gobierno que conocería el ser humano.

La llegada de Internet, las redes sociales, los teléfonos móviles y las nuevas tecnologías de comunicación están revolucionando para siempre la manera de relacionarnos, de organizarnos, de movilizarnos, de gobernarnos, de informarnos y de manipularnos. Y la política, en ese concepto originario es clave en la relación que mantenemos los ciudadanos en los asuntos de nuestras polis.

Es importante no olvidar que las tecnologías no son políticamente neutras: constituyen formas de vida y campos de batalla dominados por los gobiernos y las corporaciones más poderosas del planeta. Frente a la visión y el diseño de tecnología hegemónicos, ligados al control gubernamental y el expolio privado, han surgido formas de resistencia, re-apropiación y construcción de alternativas tecnológicas orientadas a la autonomía social, la sostenibilidad y el bien común.

Estamos, parece, ante un nuevo modelo de hacer las cosas y de hacer política. Dar primero la palabra, antes de pedir el voto. En una sociedad decepcionada, crítica y muy informada, la política está cada vez más vigilada por los ciudadanos; estos quieren poder decidir, o tener la posibilidad de hacerlo. Se multiplican las aplicaciones y plataformas que fiscalizan y monitorizan las actividades de los gobernantes, y algunas que permiten participar en política o tomar decisiones juntos.

Ejemplos como las Appgree que funcionan a través de Demo Rank, un algoritmo basado en la técnica del muestreo estadístico y en el principio de equiprobabilidad, es decir, una muestra aleatoria de personas es representativa del conjunto y cualquier persona tiene la misma probabilidad de ser elegida para formar parte de la muestra.

Mediante «rondas de valoración», Appgree va descartando las propuestas peor valoradas hasta quedarse con la más popular. No importa cuántas personas participen, ni cuántas propuestas haya, Appgree permite alcanzar acuerdos y facilita la toma de decisiones.

Una de las claves de por qué la tecnopolítica puede ser un factor de renovación política extraordinaria no radica sólo en la potencia tecnológica para hacer posible y más fácil la participación y la deliberación a gran escala, sino por la capacidad de reconvertir a los militantes, simpatizantes o votantes en activistas.

Antoni Gutiérrez-Rubí.

Pero esta no es la primera ni la única solución tecnopolítica utilizada. El Partido Pirata de Alemania, por ejemplo, usó, hace ya algunos años, Liquidfeedback, una de las plataformas de debate y votación más populares a nivel mundial que introduce el concepto de democracia líquida, que consiste en poder delegar el voto en cualquier elección en otra persona que creamos confiable, idónea, etc.

Otro ejemplo es Agora Voting utilizada internamente por Equo y sirvió, en septiembre de 2013, para determinar el voto del diputado Joan Baldoví (Compromís-Equo) en el debate de la Ley de Transparencia.

En Argentina, el joven Partido de la Red desarrolló Democracia OS, un software en el que la gente puede informarse, debatir y votar.

Otro ejemplo muy relevante es Reddit es una de las webs de mayor crecimiento de Internet en los últimos años, contando a día de hoy con cientos de miles de subreddits y más de 700 millones de visitantes al mes.

En definitiva estas y otras iniciativas se comprometen en intentar hacer posible el tránsito opino-comparto-actúo.

Comunicación unidireccional vs la conversaciones entre comunes

Tradicionalmente en la política del siglo XX, era común la premisa de quien controlaba la emisión, controlaba la decisión de voto. Los partidos políticos de las democracias, tradicionalmente luchaban por un espacio de share lo más relevante posible que incidiera y llegara a la máxima capacidad de audencia.

Hoy la tecnopolítica sabe que ya no es solamente un concepto unidireccional de difusión y emisión de mensajes sino quien controla la conversación (la de los medios sociales, el nuevo digital clipping social), acaba por tener una posición de dominio en la creación de opiniones con decisión de voto.

Joichi Ito, director del Media Lab del Instituto Tecnológico de Massachussetts, comentaba:

«Las voces serán más importantes que los votos. El voto es una manera muy pobre de saber lo que la gente quiere…» De alguna manera, la democracia de los votos ha olvidado, ignorado o despreciado la democracia de las voces.

La tecnopolítica puede cambiar las ecuaciones. Voces que son redes, palabras que son hilos, personas que son comunidades.

Activismo, movimientos sociales y tecnopolítica.

Las protestas del Movimiento Girasol en marzo de 2014, en las que jóvenes estudiantes tomaron pacíficamente la sede de la asamblea legislativa, cambiaron radicalmente la política de Taiwán. Cuando el primer ministro Lin Chuan la incorporó a su equipo de gobierno como Ministra Digital, Audry Tang ya era una de las hackers más reconocidas del mundo.

Sus ideas acerca de la transparencia y la confianza que un gobierno debe proyectar a la sociedad beben directamente de la cultura digital, y han conseguido llegar a muchos jóvenes en un país donde la brecha generacional parecía insalvable. En una democracia relativamente nueva, Tang está intentado crear un sistema de relación entre el gobierno y la ciudadanía, con el uso de la tecnología disponible como la herramienta que lo permite.

De la misma manera que no se entiende la Revolución Francesa sin Gutenberg, tampoco es posible explicar el 15-M o la primavera árabe sin Internet y las redes sociales.

Ignacio Escolar @iescolar

 

Muy conocidos son los movimientos sociales que surgieron en el 2011 como el sucedido en España el 15M como la primavera árabe e, donde tras el ejemplo de Túnez se inicia un ciclo de protesta que ha afectado en diferente grado a Egipto, Marruecos, Libia, Bahrein, Siria, Yemen, etc, que no hubieran sido lo mismo sin el uso tecnopolítico de las herramientas tecnológicas.

La protesta del 15 de mayo se encuadra en el ciclo de movilización que de forma lenta pero constante responde a las consecuencias de la crisis económica mundial. Las movilizaciones contra los recortes sociales han ido aumentando en varios países de Europa, siendo especialmente relevantes en países como Francia, Grecia, Portugal o el Reino Unido.

Javier Toret, que ha dedicado los últimos años a trabajar sobre las transformaciones de la subjetividad y de las formas de acción y organización colectiva en la sociedad red y las nuevas formas de participación digital y democracia en red comenta que la irrupción del #15m es posible gracias a que la sociedad está inmersa en un devenir-cyborg, es decir en una transformación vertiginosa de los hábitos sociales y subjetivos debido a una profunda socialización en los mundos digitales interactivos.

La sociedad red vislumbra nuevas formas organizativas y de contrapoder gracias al crecimiento de capacidades tecnopolíticas de las multitudes conectadas. Es la emergencia de nuevas formas de organización, inteligencia y acción colectiva.

Crítica al optimismo tecnológico.

Sin embargo no todas las voces son tan positivistas con el impacto tecnológico Cesar Rendueles autor de Sociofobia libro que nos ofrece una visión más conservadora del verdadero impacto de las tecnología como catalizador sobre acción política y los vínculos sociales.

Rendueles y clara concordancia a las tesis de Evgeny Morozov define como ciberfetichismo a la ideología que nos propone Internet como una solución a los problemas de la convivencia y de la acción. Según el ciberfetichismo, por un lado, Internet nos permitiría una sociabilidad fácil y cómoda, sin costes ni demasiados compromisos, un vivir juntos sin conflictos ni fricciones. El otro está y no está cuando yo lo deseo: me conecto y me desconecto.

Por otro lado, Internet nos libraría supuestamente del problema de la acción, porque produce automáticamente ciudadanos activos, es decir, críticos, es decir, políticos.

“La ecuación que rige actualmente (medios=pasividad) puede desaparecer más rápidamente de lo que pensamos. Evidentemente, no podemos esperar un milagro de estas tecnologías: todo dependerá, en último instancia, de la capacidad de los grupos de gente para hacerse con ellos y aplicarlos a fines apropiados”.

Felix Guattari, (1992)

Internet no soluciona ni el problema del vivir juntos ni el problema de la acción colectiva porque ambos requieren de relaciones y compromisos duraderos e Internet no los produce automáticamente. Vivir juntos no es conectarse y desconectarse. Porque en la vida del mundo de los átomos no siempre se puede hacer un “fork”. Porque una cosa es “hacer cosas juntos y otra hacer cosas a la vez”.

Según Rendueles, ademas el perfil del usuario político intensivo de Internet no es aún representante de la mayoría de la población, ya que es joven, urbano, abstencionista, de clase media (con empleo) y de izquierdas, esto es, participante activo en movimientos sociales.

Lo que sugiere una cierta autoreferencialidad del discurso tecnopolítico. En el ámbito político, las TIC son básicamente una herramienta de coordinación entre personas convencidas y políticamente activas y no un elemento de transformación de las propias formas de intervención política. La conclusión inmediata es que los social media generan un efecto refuerzo en generaciones juveniles politizadas, pero su impacto es mucho menor en el resto de la población.

Vivimos tiempos de cambios sociales y políticos muy marcados por un momento de crisis (cambio) en muchos ámbitos de nuestra convivencia y devenir diarios. Y las tecnologías serán un actor principal en los cambios que se generen. La política no es ajeno a ellos ya que en pocos ámbitos es tan crítica la participación y el diálogo de una sociedad que hoy en día tiene más posibilidades que nunca para el empoderamiento “publico”, gracias a muchas de estas tecnologías.

La tecnopolítica es una realidad que está cambiando la forma de ver y hacer de la política actual. Estaremos atentos para observar de cerca este fenómeno.

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