Educación.

¿Qué es STEM?.

Las empresas demandan profesionales formados en ciencias y tecnología para poder afrontar los nuevos avances y desarrollos en el mundo empresarial, cada día la demanda de perfiles relacionados con los campos de la ciencia, la tecnología, la ingeniería, y las matemáticas va creciendo y ya ha día de hoy la demanda supera con crecer la oferta.

Todos las previsiones sobre la evolución del mercado del empleo indican que la automatización tanto en los procesos productivos como de gestión y análisis o el desarrollo de campos a punto de explotar como el de la robótica, la inteligencia artificial, los algoritmos, el big data, la nanotecnología, la biología y por supuesto la informática, demandarán muchos perfiles cuya formación esté relacionada con la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas.

A pesar de los altos índices de desempleo entre la población más joven, a nivel mundial la formación en estas áreas es escasa.

Las empresas demandan de forma creciente y urgente profesionales formados en ciencias y tecnología para poder afrontar los nuevos retos, pero se encuentran con grandes dificultades a la hora de contratar estos perfiles, ya que los sistemas educativos caminan más lento y la transformación de la educación no se produce al ritmo que exige la producción mundial.

STEM es el acrónimo en inglés de los nombres de cuatro materias o disciplinas académicas: Science, Technology, Engineering y Mathematics, que  en nuestro sistema educativo corresponderían a Ciencias Naturales, Tecnología y Matemáticas es el acrónimo que se utiliza para definir el tipo de profesional (y su formación en estas áreas) más demandado en el presente y que irá creciendo con el paso del tiempo en la transformación digital de nuestros entornos.

Las iniciativas educativas englobadas bajo esta denominación pretenden aprovechar las similitudes y puntos en común de estas cuatro materias para desarrollar un enfoque interdisciplinario del proceso de enseñanza y aprendizaje, incorporando contextos y situaciones de la vida cotidiana, y utilizando todas las herramientas tecnológicas necesarias.

Los Gobiernos están empezando a comprender que la colaboración con el sector empresarial es clave y se está comenzando a promover políticas encaminadas a alentar una vocación científica o tecnológica en los más jóvenes.

Para tratar de acortar esta distancia entre formación y necesidades productivas las empresas está comenzando a instruir a los nuevos empleados en las destrezas que se requieren de forma urgente o incluso pagando una formación externa. La realidad es que la demanda supera a la oferta y aún no estamos más que en las primeras fases del desarrollo de estas y otras materias (aún por descubrir) que llevarán implícito este tipo de conocimiento.

De ahí la urgencia tanto de gobiernos como de empresas por conseguir formar a nuevos perfiles que permitan el desarrollo y adecuada adaptación del tejido empresarial de los países para esta nueva revolución.

STEM en el mundo y en España

Las previsiones sobre la evolución de la demanda de personal especialista en STEM son incontestables. La necesidad de profesionales con este perfil se incrementará en Europa un 14% en el 2020. El resto de profesiones tan solo experimentará un incremento del 3%, según datos del CEDEFOP (Centro Europeo para el Desarrollo de la Formación Profesional). Se calcula que para el año 2020 hará falta cubrir un millón de puestos de trabajos científicos y tecnológicos en Europa.

Según datos del Departamento de Educación de Estados Unidos, está previsto que en ese país el aumento de trabajos relacionados con la ingeniería biomédica se incrementen en un 62% en la década del 2010-2020. Los de medicina científica lo harán en un 36%, los desarrolladores de sistemas y software un 32%, analistas de sistemas informáticos un 22% y los matemáticos un 16%. El resto de ocupaciones relacionadas se incrementarán un 14%.

Desde principios de la década del 2000 se empezó a reflejar en diversos estudios un descenso más que apreciable en la proporción de alumnos en el ámbito de las disciplinas STEM. En el caso español, y según datos de Eurostat, sólo 15 de cada 1.000 personas han completado estudios en estos campos. Además, las posibles consecuencias de esta tendencia se magnificaban si se complementaba con análisis de futuro y de proyección de fuerza laboral, los cuales preveían un considerable aumento de las necesidades del mercado para estos mismos perfiles, alrededor de un 8% de ahora al 2025, frente al 3%  previsto para el conjunto de ocupaciones.

En España, los datos de Eurostat del (2012) revelan que solo 15 de cada 1.000 graduados de entre 20-29 años  tiene formación en STEM.

Por otro lado la lucha por la igualdad de género también queda muy mal parada en un sector dónde tradicionalmente la mujer apenas tha tenido una representación relevante. Facebook, el MIT y otras 20 instituciones y empresas se han unido junto a la ONU en lo que han llamado una Coalición de Innovación Global para el Cambio. Su objetivo es detectar y eliminar los obstáculos para facilitar el acceso de las mujeres al mundo de la tecnología con el fin de conseguir la igualdad de género y el empoderamiento de un sector especialmente sensible.

Es necesario recordar que solo el 24% de los graduados en carreras técnicas en España son mujeres, y eso se refleja en el mundo laboral donde solo el 4% de los CEO de compañías dedicadas a STEM son mujeres. A esto hay que añadir los retos que se presentan cuando ya han conseguido el trabajo y la discriminación cultural y social a las que se enfrentan en sus puestos de trabajo.

Que algunas de las empresas privadas más importantes del mundo pongan su grano de arena y ayuden a reducir la brecha de género, es importante pero son muchos los pasos más que se deben tomar para romper el sesgo de género en el mercado laboral, aspecto fundamental y uno de los retos más importantes del siglo que recién comienza.

En la actualidad, el impulso de iniciativas STEM se ha convertido en uno de los objetivos fundamentales de la planificación educativa no sólo de países como Estados Unidos, Reino Unido o Finlandia, sino también del conjunto de la Unión Europea y de diversos organismos internacionales.

Incluso compañías líderes en diversos sectores, pero en general muy vinculadas al ámbito tecnológico, han unido esfuerzos con las administraciones públicas para desarrollar programas o iniciativas de fomento de las vocaciones tecnológicas entre los jóvenes.

En este mismo sentido merece la pena resaltar las intervenciones cada vez más generalizadas de investigadores o profesionales en los centros educativos, sea a través de conferencias, charlas, asesoramientos en proyectos de investigación, etc. También se se han multiplicado las experiencias desarrolladas alrededor de la denominada ciencia ciudadana o citizen science, donde el propio individuo contribuye a generar conocimiento científico. Todo este conjunto de actividades de divulgación ayudan a la “normalización” de la figura del investigador entre el gran público, y, por consiguiente, también entre los estudiantes.

Ahora bien, además de este objetivo inicial, no deben olvidarse algunos beneficios colaterales que se están generalizando como resultado de toda esta marea pro-cientifico-tecnológica.

Así, empieza a resultar natural que los docentes de estas materias empiecen tímidamente a plantearse el uso de metodologías didácticas basadas en el aprendizaje por proyectos, así como el tratamiento de los contenidos desde situaciones cercanas al alumno, evitando en la medida de lo posible presentaciones excesivamente académicas o abstractas, que suelen contribuir a generar rechazo y desconectan la materia de la realidad cotidiana.

Algunos ejemplos de aproximaciones de aula los podemos encontrar en los materiales generados por el conjunto de proyectos europeos STEM, y recogidos en la plataforma Scientix, de European Schoolnet, en los recursos disponibles en el National STEM Centre, del Reino Unido, o las actividades del proyecto Engage, que promueve una investigación e innovación responsables desde un enfoque indagativo y a partir de áreas de conocimiento científico controvertidas.

¿Cuáles son las barreras para formarse en STEM?

La vocación científica es un interés que se va construyendo desde edades tempranas. Según desvela el informe Top 100 innovaciones educativas, publicado por la Fundación Telefónica en 2014, los factores que influyen en la elección de este tipo de estudios pertenecen a distintos ámbitos.

  • Educativos, relacionados con el nivel de competencia e interés por STEM de los alumnos.
  • Psicológicos, cómo los alumnos se perciben y sitúan frente a las competencias STEM.
  • Informativos, qué saben de estas materias y su aplicación.
  • Sociales, qué imagen ofrecen las profesiones científico-tecnológicas en la sociedad.

Para alentar el interés en estas materias habría que trabajar en estas cuatro áreas comprometiéndose en una labor divulgativa de la ciencia; creando las condiciones para la igualdad de oportunidades en el acceso a estos estudios que aseguran en cierto modo un futuro laboral de calidad; y evitando la imagen de que para ser científico hay que irse fuera y evitar casos como el Español donde el descenso en las matriculaciones en carreras científicas y técnicas está siendo acusado.

Igualdad de oportunidades de acceso.

También hay que tener en cuenta, que el estudio de este tipo de carreras son de media las más caras dentro de la oferta educativa, por su naturaleza experimental necesitan dotar de laboratorios muy sofisticados y de corta duración (debido a su constante renovación para estar alineado a las nuevas novedades) que encarecen el coste por alumno considerablemente.

Sin embargo estas características específicas de la formación corren el peligro de convertirse en una barrera de clase, y que solo las familias más pudientes puedan permitírselo. Para evitarlo las instituciones públicas deben de tenerlo muy en cuenta permitiendo a que cualquiera con capacidades tenga el acceso asegurado, al menos igualando el precio de acceso a la media del resto de carreras.

Ya existen estudios en los que se relaciona el nivel de ingresos de las familias de los estudiantes con las carreras que estos eligen, siendo una inmensa mayoría de clase media alta los que eligen carreras STEM.

Por ejemplo, en el curso 2015-2016 un estudiante STEM gastó 1.312 euros (haciendo media con todas las comunidades autónomas), siempre y cuando no haya estudiado en Madrid o Barcelona, donde confluyen el mayor número de especialidades, ya  que pagaron, en el caso de Madrid 1.980 euros por curso o en Barcelona 2.371 euros por año. Cantidades que no todas las familias pueden afrontar, y que deberían de tener alternativas subvencionadas para poder dar el acceso a todo el tejido social.

Tecnología y ciencia, pero humana.

En definitiva apasionantes son los retos a los que las sociedades del siglo XXI se enfrentan.Y uno de los más importantes es la definición de una formación que necesita cada vez más de perfiles relacionados con el estudio de las ramas cientifica y técnicas. El futuro parece totalmente ligado a la tecnología, y debemos de formar a las nuevas generaciones para poder desarrollarla y definir los pasos necesarios en ese sentido.

Sin embargo, debemos intentar no caer en el error de tomar el desarrollo tecnológico y científico como únicos axiomas del desarrollo humano, que la tecnología tiene un componente de atracción es evidente, pero debemos a su vez, unir estos conocimientos con el estudio crítico del verdadero impacto que estos avances técnicos pueden causar en nuestras sociedades.

No siempre desarrollo es sinónimo de beneficio, al menos si ponemos las verdaderas necesidades y problemas del humano y las sociedades que los conforman.

Hay que tener en cuenta que estos modelos están fuertemente influenciados por una tendencia política, cultural hegemónica que plantea el mundo como un suceso de hechos relacionados en beneficio de la productividad y rendimiento. Y el humano no es solo economía y desarrollo.

Es por ello que debates críticos y el desarrollo de espacios de reflexión son tan necesarios para que nos permitan evaluar si la tecnologías nos ayudan o si por el contrario nos están limitando en nuestras capacidades humanas.

Es por esto que si bien no podemos obviar las necesidades en las materias de ciencia y tecnología, no es menos cierto, que las materias más asociadas al estudio de ese impacto y el desarrollo de reflexión como son las ciencias sociales y la filosofía, son hoy más que nunca necesarias para conducir a la humanidad (unidas de la mano) al mejor futuro posible.

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